¿El amor es egoista?

Sin duda que lo es. Si, pretendo que algunas personas se alteren al leer esta afirmación rotunda. Muchos creen en el amor ficticio, ese amor de novelas, o de películas de Disney, ese amor perfecto, ese amor en el que la persona que ama es capaz de dar todo de sí por amor, y sin pretender recibir anda a cambio. Oh si, ese amor al que muchos habremos aspirado siendo niños -o no tan niños-. Pero no, en verdad esto es fantasía. Ese amor no existe. Quizás algunos se nieguen a creerlo asi, porque de chicos fueron educados y mamaron esa idea de amor perfecto, del sacrificio por el bien de los seres queridos. Pero reitero, no es más que un amor inexistente. Nunca existió en la historia del universo, y nunca va a existir.

Nosotros, como fin último de neuestros actos.

Hay un frase que describe perfectamente lo que voy a explicar a continuación, y la misma es ” Nunca amaremos a nadie -ni nada-, más de lo que nos amamos a nosotros mismos “. Es una frase fuerte, que incita a pensar que quien la dice no es más que una persona egoista. Pero lo curioso es que todos los seres humanos actuamos a favor de esta sabia frase. Veamos porqué.

Cuando hacemos algo bueno por una persona, ¿es realmente por esa persona? A primera vista si, porque queremos su bienestar, su placer. Imaginemos esta situación: le regalamos un caramelo a nuestro hijo porque sabemos que le gustan y se pone contento al recibirlo. Lo come y lo disfruta, y nos sonríe en agradecimiento. Y el hecho de verlo contento, sonriendo, y disfrutando de su caramelo nos alegra inmensamente. Aquí cabe la pregunta ¿por qué lo hicimos? ¿por qué le regalamos el dulce? ¿porqué le gusta? La respuesta es no. Lo hicimos porque nos alegra -a nosotros mismos- verlo feliz. Pero no es su felicidad la que buscamos, sino la nuestra. Si no nos alegrara verlo bien, no le regalaríamos nada. Se lo regalamos porque queríamos verlo contento. Y cuidado con esta parte: “…porque queríamos…”. Nosotros queríamos verlo contento. Lo hicimos por nosotros, por nuestro bienestar interno.

Es decir, que siempre damos porque buscamos recibir algo a cambio, aunque este algo no es necesariamente material. De hecho, en general no se trata de algo material, sino del bienestar nuestro, es decir, sentirnos bien con lo que hemos hecho. Esto mismo lo hacemos con todos. Decimos amar a una persona, y queremos estar con ella, porque la “amamos”. Pero en verdad, estamos con esa persona porque nos reporta bienestar. En última instancia, siempre lo hacemos por nosotros.

Ejemplifiquemos otra situación: tenemos un amigo que corre peligro de muerte. Solo nosotros podemos salvarlo, pero a costa de nuestra propia vida. ¿Qué haremos? ¿Daremos nuestra vida por la de él? ¿O no? La respuesta depende de lo que nos haga sentir mejor a nosotros. Si elegimos no hacer nada y dejar que muera, ¿podremos vivir con ese sentimiento de culpa? Si la respuesta es afirmativa, entonces dejaremos que muera. Si la respuesta es negativa, daremos nuestra vida por él. Porque esta decisión nos reporta un bienestar que supera el sentimiento de culpa o dolor por dejarlo morir. Entonces, el ayudarlo o no, dependerá de lo que nos reporte mayor satisfacción. Si lo dejamos morir, tal vez podemos vivir el resto de nuestra vida sabiendo que pudimos ayudarlo, y entonces lo que ha sucedido que es nos reporta mayor satisfacción seguir viviendo nosotros que su vida. Pero volvemos a lo mismo: sea cual sea la elección que elijamos, el beneficio es para nosotros.

Una persona que se suicida, está buscando su bienestar, es decir, escapar a problemas que no puede afrontar; situaciones que le causan un malestar mayor del que puede soportar, y elige la muerte como un escape a dichos problemas. Aún cuando al cometer suicidio produzca un malestar en las personas que lo quieren. Estas personas que sufren por la pérdida de su ser querido están tristes por el amor que le tenían. Es decir, que estan tristes porque ya no van a recibir los beneficios que esa persona que se suicido les aportaba. Esos beneficios probablemente sean inmateriales, como compañía, afecto, etc.

Pero esto suena tan egoista -y de hecho lo es- que hará que nos sintamos mal con nosotros mismos. Por fortuna, podemos ahondar más en este asunto para llegar a la conclusión de que el egoismo no es necesariamente malo.

El egoismo aceptable.

Si no es malo, ¿como ser egoístas puede ser bueno? Bien, hay una frase de Jacinto Benavente que dice ” El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor “. Es decir, que nosotros hacemos todo por nuestro bienestar. Pero si nuestro bienestar implica hacer el bien a los demás, entonces se trata de un egoísmo aceptable, que tiene a mejorar. Esto es juamente lo que llamamos “buenos valores”. Yo le hago el bien a otra persona porque eso me reporta un bienestar a mi. Pero mi bienestar significó hacerle el bien al otro. Eso es bueno. Si en cambio mi bienestar lo encuentro al hacerle un mal a alguien, entonces es un egoísmo no aceptable. Es el egoísmo malo. Ambos egoísmos buscan el bienestar personal, pero uno lo hace a través del bienestar ajeno, mientras que el otro no.

El bienestar de los demás, no debe necesariamente ser inmediato, puede ser a largo plazo. En el ejemplo del niño al que le dábamos un dulce. Si al niño le gustan los dulces, entonces inevitiablmente vamos a hacerlo feliz al regalarle el caramelo. Pero sabemos que si come mucho, puede causarle una descompostura. En este caso, vamos a buscar nuestro bienestar pero vamos a restringirle el dulce al niño para que él no se enferme. Esto no lo hará feliz, ya que un niño no es conciente de que si come mucho puede enfermarse. Lo que hemos hecho es buscar nuestra felicidad total, a costa de que el niño se enoje al no poder comer el dulce entero. Pero nosotros estamos tranquilos porque hemos actuado bien y eso nos reconforta. Y le hemos hecho un bien al niño, aunque el no sea plenamente conciente de eso y esté molesto.

Podemos concluir que no hay forma de escapar al egoísmo, porque es nuestra manera de vivir y no hay otra, y siempre buscaremos la felicidad. Pero hay dos formas de buscar o llegar a esta felicidad: haciendo bien a las personas o haciendo mal. Los buenos valores son la clave aquí. La educación tanto nuestra como de los demás, debe apuntar a buscar la propia felicidad, pero evitando hacer el mal al resto de las personas, animales, etc.

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Acerca de El Hombre Pensante

Soy un tipo que cada tanto se plantea las situaciones que vive en todos los ámbitos de su vida. Y gracias al blog, puedo descargame y organiazar mejor mis ideas.
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